Tantas horas, la misma luna. Yo, buscaba estrellas, olvidaba lo aprendido. Quise por un instante regalarle un secreto a la noche, pero el frío, como siempre, no me dejaba pensar. Entonces escribí tu nombre en la arena, para nunca olvidarte; y cada noche, el reflejo en la luna; tu recuerdo y mi sonrisa serán eternas en el paisaje. Sí, duermo con tu olor grabado en mi piel; como estos párrafos y este papel...

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